Todo comenzó en una cálida -o más bien calurosa- mañana. Ese día mi novio y yo habiamos quedado de vernos para irnos a el chamizal (un parque con arbolitos y cosas asi) a asar unas carnitas y pasar un tiempo juntos.

Total que me levanté tarde, se me hizo tarde, se me olvidaron unas cosas, pero después de muchos detalles que me voy a ahorrar escribir llegamos al chami. Dimos unas vueltas en el carro para buscar un buen lugarcito y lo encontramos, así que era hora de bajar las cosas para establecernos.

Primero se bajó mi novio con unas cosas y se las llevó hasta la mesa. Luego yo me bajé con algunas bolsas para seguirlo. Antes de cruzar la banqueta que me separaba de mi carro y el sacatito (pasto) vi que algo se movió entre las raíces torcidas de un árbol.
Se me hizo extraño y puse atención, y vi que había un oyo debajo de una de las raíces y del agujero se asomaba la cabecita de una ardilla. Muy simpática por cierto.

ardilla-parque

Como loquita le grité a mi morrito, “amoooor, ven, mira, mira, mira…”. Y él, rápido y veloz llegó hasta donde estaba yo. Nos agachabamos y nos retirabamos poquito para que la ardilla no nos pudiera ver y se tuviera que salir más de su guarida. Así fué hasta que se salió por completo, hasta parecia que la divertíamos. Le tomamos un par de fotos con mi celular. Les compartiré la que se ve mejor. En algunas parecía que posaba la ardillita, se dejó tomar muchas fotillos pero al final como que se fastidió y decidimos dejarla en paz.

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