Sí, así como leyeron, ¿quieren saber porqué?…

Hace un tiempito que conectaba mi iPodito a la laptop por usb y la escena era más o menos así:

Simplemente no lo reconocía el sistema, ni siquiera aparecía un iconito, ni como disco duro ni nada. Absolutamente nada. Y obvio, yo me frustraba.

Así que le moví, lo conecte y desconecté mil veces. Hasta le eché la culpa a mi compu y traté en otra pc pero el resultado era el mismo. Las computadoras siempre ignoraban a mi iPod.

Entonces recordé al iTunes, hacía tiempo que me había estado fregando “ay, ya me quiero actualizar, me quiero actualizar, me dan ganas de actualizarme… ¿me dejas?” y yo siempre le ponía que no, porque estaba usando el internet y descargando cosas y usando esto y aquello, el caso es que no tenía tiempo para que el estúpido iTunes se actualizara -que por cierto ni uso- pero me pasó por la cabeza que quizá iTunes era tan maldita perra hija de su… malvado que por su culpa no se detectaba mi iPod en ningún lado. Así que lo dejé que se actualizara.

¡Y bingo!

Que ya se conecta el iPod y puedo cargar y descargar archivos de nuevo. Todo era culpa de iTunes, hace que forzosamente lo actualices o si no te hace que el iPod sea ignorado por todos.

Conclusión: iTunes es una perra.

Si estas en la misma situación y te preguntas “Oh cielos, ¿porque mi computadora no reconoce a mi iPod?” prueba actualizando iTunes.

Enlace:
Sharepod / Con este programa es con el que yo le meto y le saco las chinches a mi iPod.

Hace unos días fui con mi novio -sí, arriesgándome a perder visitas aclaro que tengo pareja xD- a comer a un conocido restaurante de comida rápida, uno de una niña peliroja con trencitas.

Entramos, ordenamos, comimos… Listo, ahora de regreso al carro para irnos. Nos acercamos a la puerta para salir y en ese momento una pareja de unos rudos motociclistas estaban por entrar.

El tipo, rudísimo. Tenía todos aquellos distintivos de ser un hombre sin ley, tatuajes, barba, patillas largas, chamarra de cuero negra con remaches metálicos, pantalones de mezclilla desgastados por las aventuras en carretera, guantes de esos que solo cubren la palma de la mano y los deditos quedan libres, botas negras con correas y de suela gruesa. Una mirada fría, que te atraviesa. Acompañado por una mujer un poco menos ruda que él, pero más ruda que la mayoría de las féminas.

Como les iba diciendo, en el preciso momento que nosotros íbamos a salir ellos se aproximaban a la puerta para entrar.

¡Santa cachucha!, nos van a taclear por meternos en su camino, o probablemente apaguen un cigarrillo en mi frente por estar ahí… o simplemente me empujen a un lado y luego me vea con su mirada helada. Todo eso pasó por mi mente, recordando escenas de acción de películas con motociclistas.

Nada más lejos de la realidad.

Cuando vió que nosotros íbamos a salir nos abrió la puerta y se hizo a un lado, ¡como todo un caballero!. Nosotros dijimos gracias y como diciendo “de nada” pareció que sonrió levemente y asintió con la cabeza… o eso lo soñé, no lo sé. Luego salimos de el establecimiento sin un rasguño.

¡Qué cosas!, mientras nos subiamos a nuestro vehículo motorizado yo me quedé pensando en todo eso que pasó por mi cabeza, y dije, “postearé esto en el blog jojojo”, mi novio me vió y se rió… no se si de mí o de lo que dije, o las dos cosas.

Y ese señores fue mi encuentro con un motociclista.

La moraleja de la historia es esa que dice “no juzgues a un libro por su portada”, yo odio los prejuicios pero todos los cometemos alguna vez.

- Esta historia fue basada en hechos reales, pero al escribirla pude haber exagerado unas partes -

Parecía que hoy sería sólo otro día más. Hasta pensé que sería de los mejores.

Estaba en mi cama, soñando, luego abro los ojos al despertar, y como es mi costumbre me preparo para estirarme y lanzar el primer bostezo del día, pero ¡zas!, que cuando apenas iba a agarrar aire me dá un dolor en la espalda que hace que me encoja y me ponga en posición fetal. ¡Auuuuuuch!

¿Pero qué pasa?, estoy joven, no estoy como pá reumas. Me levanto, con algo de dificultad y compruebo que sí, efectivamente me seguía doliendo la espalda, sobre todo cada que inspiraba.

Bajo las escaleras con cara de pocos amigos, así como quien camina más a fuerzas que con ganas, tenía que alistarme para ir a la Uni, y no podía faltar, tenía exposición.

Pues así transcurrió mi día, yo sumergida en dolóres de espalda, aunque me untaron pomadita no sirvió de mucho y ya me tomé una pastillita pál dolor.

¡Oh pobre de mí, oh que he hecho yo para merecer esto.!

Cada estornudo era un dolor más, como una punzada, como un cuchillito que se clavaba detrás de una de mis paletas (no, tutsi pop no, me refiero a los omóplatos de la espalda), y yo entrecerrando los ojos y haciendome la fuerte para no quejarme…

¿Será acaso parte del sufrimiento humano?, ¿será que el cosmos se divierte jugando conmigo?, ¿o simplemente estoy por enfermarme por el cambio de clima?.

Esperemos que mañana ese dolor hijo de su ma… ya haya desaparecido. Y yo este aquí feliz para no tener que andarme quejando en mi blog, y no tengan ustede que andar leyendo mis berrinches de víctima chillona.

¡Paz!

Entre mis múltiples habilidades y talentos tengo la saber nadar.

Sí estimados lectores, cuando estoy en el agua soy una bellísima sirena, un veloz delfín, o al menos una ranita medio simpática.

Bueno, tal vez exagero un poco, porque lo que mejor me sale es nadar de perrito y de espaldas, tengo dificultad para nadar braceando de modo profesional, mis bracitos de pollo no me aguantan.

Yo aprendí a nadar con el método al que me gusta llamar “método de sopetón”.

Hacer algo de sopetón es como hacer algo a lo bestia, de repente, sin previo aviso.

Por ejemplo:

Cuando vas a la alberca hay personas que se meten al agua así de poquito a poquito, se ve ñoño, primero los pies, y respirando rápido por lo fría del agua se van mojando los brazos y así de poquito a poquito hasta que se mojan todo.

Meterse al agua de sopetón es brincar al agua sin rituales previos, así nada más, todo mojado en menos de 5 segundos.

Pues bien, hay muchas escuelas de natación, primero les enseñan a chapalear con los pies, luego a flotar y etcétera, etcétera, todo un largo método de preparamiento previo para que al fin culmine en que el alumno se avienta del trampolín sin miedo y nada graciosamente en la parte profunda del agua.

A mi me metieron a una escuelita de natación pequeña, rural, y que usaba el método de sopetón. Y aprendí a nadar.

Lo que tuvo éxito en ése método fue que una vez a la semana nos hacian formar una fila en el trampolín, cuando nos tocaba el turno tenías 2 opciones, tirarte o que te tiraran.

No importaba si te daba miedo, si ya sabías nadar o lo que sea. Pero créeme. Una vez que te tiran aprendes a nadar porque aprendes.

¿Y tú sabes nadar?… ¿aprendiste de un modo más amable?.

Sucedió que la primera vez que agarre el volante de un automóvil casi ocasiono un ¿horrible? pero ridículo accidente.

Yo, toda miedosa, me subo de chofer en el carro, acompañada claro. Mi copiloto me decía, mira que este botoncito es para esto y no pises tan de golpe el freno, entre otras indicaciones, hasta que me dice que encienda el coche y le dé la vuelta a la manzana.

A ver, palanca de cambios en la D (era un automático), y comienzo a avanzar, leeeentamente. Doy la vuelta y ¡oh no!, un peatón cruzando justo por donde yo iba a pasar. Me quedo en shock. Sip. En shock sigo avanzando a una temible velocidad de 3 km por hora (o la velocidad que alcanza cuando no pisas ni freno ni acelerador). El peatón me voltea a ver con cara de ¿¿¿¿???? pero no se quita, estaba a unos 5 metros de mi vehículo, solo veía con terror como me aproximaba hacia él. Creo que él también estaba en shock.

Fue algo lenta la escena de la acción. Mi copiloto me decía “¡FRENA, FRENA!”, con cara de frustración. Y yo … nada… Pasaron unos 10 segundos, creo, en lo que ya capté y frené, el peatón seguía estupefacto (con cara de WHAT!?) pero luego reaccionó y se fue. “¿¡Porqué no frenabas!?, ridícula, bla bla bla”.

Y así fue como casi atropello a un peatón a una velocidad de unos 3 km por hora.

Ahora ya soy toda una super piloto, no se preocupen, cero multas y más de dos años tras el volante.