Pese a que muchas situaciones nos hagan pensar que el mundo entero ya es un basurero y todo es avaricia, maldad y mediocridad, de vez en cuando pasan hechos que nos hacen recordar que el mundo en el que vivimos no esta completamente podrido. Uno de esos me pasó ayer.

Pasa que para una clase me encargaron conseguir un aerógrafo (una herramienta para ilustración) y pues como no tengo un amigo que me lo preste o algo así tuve que ir de compras a ver si me podía comprar uno bueno… Para no hacerles el cuento largo, estaba en eso de comparar los precios de algunos aerógrafos, y veía la calidad, comparando ya para decidirme por alguno, y en eso llega una señora y así, sin más, me regala un cupón del 40% de descuento. Obviamente le agradecí, aun sin comprender bien porqué me lo daba.

Sí, se los juro. Una mujer completamente extraña llegó conmigo y en un acto de bondad desinteresada me regaló el cupón –que además si me valieron en caja-. No sé si me vió muy pobre, o muy pensativa comparando los precios, porque ella traía un carrito con bastantes cosas para pagar cuando pasó por el pasillo antes de llegar conmigo.

En un principió me quedé como con la mente en blanco pero esa sensación se fue al pensar en que ahora me completaría un aerógrafo un poco mejor con ese descuento y fui feliz a la caja a pagar lo que ahora me costaría cerca de 60 dólares menos.

Acá lo importante es ¿qué motivó a esa señora, que nunca había visto en mi vida y probablemente sea difícil que vuelva a ver, a regalarme un cupón que pudo haber utilizado en sus compras? Tal vez le gusté –broma-, o simplemente lo hizo por que le nació, eso desafía las leyes del egoísmo… Ahora, ¿cual es mi manía de encontrarle una razón?, ¿no puedo conformarme con la idea de un acto puro y desinteresado de bondad?. Eso implicaría que la gente buena y desinteresada aún existe.