Aunque nunca escribí nada de los 2 juegos de Bioshock anteriores, debo decir que soy fanática de la serie. Así que antes de abordar al Infinite escribiré un poco de mis antecedentes con la franquicia.

Bioshock, amor a primera vista

Hace un par de años, cuando salió el primer Bioshock, lo compré porque estaba barato y lo llevé a casa, ahí lo probé con cierta flojera pues en general en ese tiempo iniciaba a jugar un juego y a los 2 días ya ni me acordaba de él, pensé que sería igual, genérico, para pasar el rato nada más.

Me equivoqué, enormemente.

Al empezar a jugar me quedé pegada al control, envuelta por el juego que mezclaba historia, gameplay, ambiente y todo envuelto en art decó tan esquisitamente. Me encantó, y lo terminé pronto. Me enamoré de los Big Daddies, de las Little Sisters, hasta de los Splicers y sus comentarios, y como no, de Rapture y de todo el discurso ético-moral que tenía el juego. Me sentí traicionada por Atlas y sentí pena por Andrew Ryan. Me involucré emocionalmente, el juego lo logró.

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