Y no hablo de un descuento alocado en el precio de los pantalones en alguna tienda de ropa, hablo de que mi guardarropa se vió reducido dramáticamente a la mitad, en el departamento de piernas.

Resulta que ayer, en la noche, me puse a medirme todos y cada uno de mis pantalones para descartar de una buena vez los que ya no me quedan, los que me aprietan, los que me quedan cortos y los que de plano no me gustaban.

Así me fui, uno por uno, pantalón sube, pantalón baja. Se va al closet de nuevo o a la canasta de los rechazados.

En el transcurso de dicha operación, me topé con distinta clase de pantalones…

– El pantalón halagador. Que me quedaba como anillo al dedo, nada falta, nada sobra, todo en su lugar. Puntos extras para mi ego.

– El pantalón que se encogió. Ese que, sin razón aparente, está más chiquito que la última vez que me lo había probado, queríendome engañar y hacerme parecer que yo soy la que engorda.

– El pantalón que muestra cambios sicológicos. Jojojo, desde cuando tengo un pantalón rojo con correas, y éste con remachitos dorados jajaja.

– El pantalón reto. A como dé lugar, en un par de meses voy a entrar en ese pantalón, ¡así sea que tenga que hacer 28349493828 abdominales por noche!

Después de un rudo proceso de selección, (dados, volado, piedra papel o tijeras, de tin marin…). Me quedé con -menos de- la mitad de mis pantalones.

Es cierto que subí un par de kilitos, pero también que tenía pantalones que me había comprado desde la secundaria, esos que ni aunque me quede en los huesos me volverían a subir.

Ahora, tengo más espacio en mi closet y ganas de pantalones nuevos.

PD: fotografía patrocinada por el tiradero de mi cuarto, es real, todo eso se va.

Ciao!


No sé de las demás chicas pero recuerdo que yo cuando niña quería que me regalaran un carrito de control remoto. Y la respuesta siempre fue un simple «no, esos son juguetes de niños».

Que mal sabor de boca me dejaba eso. Yo siempre quise un carrito porque se me hacía mucho más entretenido que jugar a las muñecas, finjir que mi muñeca se casaba, tenía hijos y los atendía, junto con otras niñas -pero ellas al parecer sí disfrutaban del juego-, o también jugar a los trastesitos, a hace comidita, jugar a maquillarse…

No me gusta es de que desde niñas se nos trate de encasillar en un rol solamente, y que si no lo sigues no eres suficientemente femenina.

Qué casualidad que la aplastante mayoría de juguetes para niñas sean bebés de juguete, muñecas «a la moda», trastesitos de cocina, hornitos, maquillaje de mentiritas y otras cosas que no se salen del estilo.

A quién se le ocurrió que una niña difrutaba de jugar con un carrito de control remoto era «menos niña» que la otra que juega con barbies…

No digo que tiren sus muñecas a la basura y las quemen si no que ademas de esas muñequitas les regalen un juego de química, un carrito de control remoto, un libro para colorear, unos lego, ¡hay muchísimas opciones!

No hay que encasillar a las pequeñas mujercitas en un rol tan cerrado desde tan niñas. Que sepan que pueden hacer algo más que atender niños y verse hermosas.

Algo que me cae mal de mi persona es lo indecisa que soy en ocasiones.

Ahora por ejemplo estoy pensando en borrar los otros 2 blogs que hice aqui en blogger.

Pequeños Felinos y Strogeno. Creo que no tienen mucho sentido de existencia. Al de gatos lo voy a borrar y al de strogeno también pero me voy a traer de uno en uno algunos posts que había escrito ahí.

Porque a fin de cuentas lo que visitan es éste blog, mejor aquí mismo pongo lo que quiera poner. Además ya me dí cuenta que al que le doy mantenimiento es a éste, ya había oido que el que mucho abarca poco aprieta…

Entonces al rato me traigo unas entradas de un blog y luego morirán para siempre.

Esta kozmiquita tan indecisa.

No creo mucho en la suerte pero ahora traje una que no me gusta nada, es más, creo que es más bien ironía, o el mugroso destino jugando contra mí.

Aqui donde vivo, en los cruceros de las calles cuando se pone la luz roja en el semáforo, junto con los limpia-parabrisas, los vendedores de periódicos, los pediches, mendigos, malabaristas y demás, pasan entre los automóviles unos vendedores de bonice («bonáis»).

Los bonice son una marca comercial de unos bolis (entiéndase boli como un hielito alargado de sabor a frutas en bolsita) popular y bastante deliciosos cuando hace calor.

En los cruceros casi siempre hay un solo vendedor de bonice, y cuando se pone en rojo la luz pues se va a alguno de los lados del crucero a promocionar su producto que venden cada uno por 3 pesos.

No sé si es mi chinche suerte (la suerte no existe, la suerte no existe…), pero casi toda la semana pasada yo traía cambio de a montones, muchas monedas sueltas, miles de grupitos de 3 pesos y cuando quería comprarme un bonice parecía que los vendedores me rodeaban, o se iban al otro lado del crucero o ya de plano se les acababan. Ahi estaba yo, llena de moneditas, y con un calorón, rostizándome.

Pero hoy cambió, la situación no la chinche suerte, porque los vendedores parecía que venían directito a mi carro, parecía yo imán de vendedores de bonice, pero ¿y el dinero?. 2 tristes monedas de a peso y un billete de 100 y un billete de a 50. ¡El bonice cuesta 3 pesos!, ¡3 mugrosos pesos!, sólo me faltó una monedita de 1 peso para completarme uno y acabar con mi sufrimiento. Porque si pago con billete de 50 nomás algo de tres pesos pues no, ni me despachan, o todo el tiempo en que junta el vendedor cambio pues cambia la luz y tengo que avanzar, y nimodo que me comprara 10 bonice para que fueran 30 pesos…

En fin, espero ansiosa ese día en el que todo esté en armonía y traiga los 3 pesos y llegue un vendedor de esos, ¿es tan difícil que se den las 2 circunstancias?.

¡Chinche suerte!

PD: mi sabor favorito de bonice es guanábana.

Pffffffft… OBVIO, el que más te guste a ti.

Yo, kozmica, me encuentro alojada en blogger, mi blog es personal y prácticamente escribo de lo que quiera. ¡Y Blogger me va perfecto!

Creo que depende para que quieres el blog y entonces ya decides la plataforma, pero sobre todo depende dónde te sientes más a gusto, dónde estas más cómodo.

Y ya veo venir los comentarios… «wordpress es la onda, cámbiate a wordpress, wordpress es mucho mejor»

Eso de blogger vs wordpress me recuerda a mac vs pc, coca vs pepsi, santo vs blue demon, chivas vs américa. Toda esa serie de marcas u nombres reconocidos que son «archienemigos».

¿Será casualidad que en la mayoría de los casos los usuarios que usan la marca menos usada o menos popular siempre dicen que la suya es la mejor? Como que se crea una especie de fanatismo o culto por el menos popular.

Te gusta blogger, ¡que bueno!, te gusta wordpress ¡también!.

Al final de todo lo mejor es lo que te guste a ti, y no lo que te diga otro individuo.